El Desembarco de Alhucemas, realizado el 8 de septiembre de 1925, es considerado uno de los hitos militares más importantes de la historia contemporánea de España. La operación, ejecutada en plena Guerra del Rif, supuso el primer desembarco anfibio moderno con coordinación aérea, naval y terrestre, y se convirtió en un precedente directo de las tácticas que décadas después se emplearían en Normandía.
La iniciativa fue impulsada por el general Miguel Primo de Rivera, entonces presidente del Directorio Militar. Consciente de que el conflicto en el Protectorado marroquí se había convertido en un desgaste continuo para España, Primo de Rivera apostó por una acción decisiva que rompiera la resistencia rifeña liderada por Abd el‑Krim. Para ello, coordinó una operación conjunta con Francia, que también sufría la presión militar en su zona del Protectorado.
El plan consistía en desembarcar en la bahía de Alhucemas, corazón estratégico de la resistencia. La elección no era casual: era una zona fortificada, difícil y arriesgada, pero su captura podía desarticular el poder militar rifeño. La operación movilizó a más de 13.000 soldados españoles y franceses, apoyados por una flota de buques de guerra, hidroaviones y carros de combate Schneider, utilizados por primera vez en un desembarco.
El éxito fue contundente. En apenas unos días, las posiciones clave quedaron aseguradas y la resistencia rifeña comenzó a desmoronarse. La campaña posterior culminó en 1927 con el fin de la guerra y la rendición de Abd el‑Krim. Para España, Alhucemas significó la recuperación del control del Protectorado y un impulso moral tras años de derrotas y tensiones internas.
La figura de Miguel Primo de Rivera quedó estrechamente ligada a este triunfo. Aunque su régimen militar generó controversias políticas y sociales, su papel en la planificación y ejecución del desembarco fue determinante. Para muchos contemporáneos, Alhucemas representó su mayor logro estratégico y un ejemplo de modernización militar. Para otros, fue una victoria utilizada como legitimación política de su dictadura. En cualquier caso, su influencia en la operación es indiscutible y su nombre permanece unido a uno de los episodios más decisivos de la historia militar española del siglo XX.






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